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Domingo, diciembre 24th, 2017

Vil·la florida i Jardí clàssic. Dos “Jardins d’Espanya” pintados en Mallorca nos revelan su secreto

MMBCN

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Entre las cuarenta láminas que integran el álbum Jardins d’Espanya, de la edición de 1903, Santiago Rusiñol incluyó dos vistas de un mismo jardín de Mallorca: son los cuadros que llevan por título Vil·la florida y Jardí clàssic, pintados entre 1901 y 1902 durante la segunda estancia en la isla. Estos dos cuadros junto con otros que tenían como tema varios paisajes y jardines de Mallorca, estuvieron expuestos por primera vez en los salones del exclusivo Cercle Mallorquí de Palma, y ​​después viajaron a Barcelona para figurar en la importante exposición individual dedicada en Mallorca que Rusiñol hizo en la Sala Parés en febrero de 1903, logrando un éxito sin precedentes.

FOTO 016 15.1.16. Jardi clàssic

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A partir de estas dos exposiciones estos dos cuadros no han vuelto a figurar en ninguna otra exposición, habiéndose perdido totalmente el rastro. Sólo tenemos el testimonio de su existencia por las dos láminas del álbum Jardins d’Espanya, las imágenes que repetidamente se han publicado después, las imágenes de la exposición de Palma que figuran en la revista mallorquina La Roqueta, o una fotografía antigua en blanco y negro de la exposición de 1903 en la Sala Parés. Estas imágenes nos permiten establecer de forma aproximada los tamaños que tienen estas dos obras en relación al resto de los cuadros expuestos.

Vil·la florida, que tiene un formato vertical, de medidas considerablemente grandes, representa una casa-torre, con un jardín de árboles frutales, un manantial, y una figura femenina de terracota. La casa tiene un gran balcón coronado con cuatro figuras femeninas con atributos difícilmente identificables en el cuadro de Rusiñol. Mientras que Jardí clàssic tiene un formato horizontal de medidas mucho más pequeñas, que representa el mismo jardín pero visto desde otro ángulo, con la fachada lateral de la casa a la derecha del espectador. Rusiñol situó su caballete en lo alto y en medio de un sendero en el centro de la composición, senda que nos lleva hacia una construcción en arcos. La imagen en blanco y negro no permite distinguir el fondo de la composición donde seguramente se debía ver el mar.

Sabemos que durante la segunda estancia de Rusiñol en Mallorca fue con su familia: su esposa Luisa, la hija María y la suegra Dolores Reverter, y alquiló una casa en El Terreno, un barrio residencial de calles empinadas y estrechas pendientes de la ciudad de Palma, a los ruedos del Castillo de Bellver, que según Rusiñol recordaba los barrios del Puget o de Vallcarca en Barcelona.

Maria Rusiñol, que entonces tenía quince años, mantuvo siempre vivo el recuerdo de su primera estancia en Mallorca y de la casa donde vivió con sus padres y abuela. Ella describió la casa en el libro de memorias Santiago Rusiñol visto por su hija: «Nuestra casa era más o menos como todas las de El Terreno, espaciosa, encalada, con un ventanal que daba al mar, viéndose en el fondo el puerto. Pero lo más «importante» de la casa era el jardín. Era pequeño. Apenas para que cupieran cuatro adelfas, media docena de naranjos y dos «parterres» (digamos parterres) rebosantes de rosas y en el centro un manantial rodeado de piedra pómez y en medio del manantial una figurilla de terracota que aguantaba un cántaro de donde salía un chorrito de agua clara.» María nos sigue informando que en esta casa fue a vivir con ellos el pintor Joaquim Mir, y que la casa era frecuentada por «pintores, músicos, periodistas, escritores, místicos y revolucionarios, conservadores y gente de la llamarada», como Gabriel Alomar, el republicano Lluís Martí, el compositor Toni Noguera, el músico valenciano Eduardo López-Chavarri, los pintores Antoni Gelabert, Paco Bernareggi y Antoni Ribas Prats, los poetas Joan Alcover y Miquel dels Sants Oliver, o el periodista Miguel Sarmiento. Los Rusiñol tenían además un vecino catalán de nombre Conrado Pinto, cuñado del pintor Gaspar Terrassa, uno de los personajes más emblemáticos del barrio, que fue retratado por Rusiñol, todo pulcramente vestido de blanco, como Terrassa solía ir vestido. Pinto era un reconocido profesor de piano, y alma de veladas musicales de gran fama, organizadas en su casa, en las que participaban sus numerosos alumnos de Palma, entre los que se encontraba la mallorquina Matilde Escalas, que despuntaba por sus excelentes dotes como cantante lírica, y a la que Rusiñol también había retratado.

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A lo largo de los años el barrio de El Terreno ha sufrido importantes transformaciones urbanísticas inherentes a la masiva construcción de edificios que han ido cambiando la esencia de aquel barrio residencial formado por torres de veraneo. Sin embargo, todavía se pueden encontrar algunas de las casas construidas a finales del siglo XIX que han conservado su estilo original, tal como las describió el mismo Rusiñol en L’illa de la calma. Entre estas torres he encontrado este año la Vil·la florida, y aunque detecta algunos cambios estructurales respecto a cómo era en la época que fue pintada por Rusiñol, la casa ha conservado todo su encanto. Mis investigaciones han dado como resultado la localización del actual propietario, persona amabilísima, y ​​con una sensibilidad muy especial por el arte y la historia. Al enterarse de mi interés por la casa no dudó en mostrarme el jardín, y la casa por fuera y por dentro, y al mismo tiempo se interesó por las imágenes de los cuadros de Rusiñol que le entregué, porque según me dijo, le son, sin duda, una herramienta indispensable y de gran ayuda para restituir el aspecto original de la casa que está actualmente en proceso de restauración.

Recorrí con su arquitecto las diferentes habitaciones, en busca de aquellos dibujos al carbón que Rusiñol y Mir hicieron en las paredes y que la hija Maria recordaba: «Primero, temas tradicionales. En Navidad, el gallo. Vivo y muerto. La cazuela del arroz. El roscón del domingo. La ensaimada del Santo. Después, eabordando temas de más vuelo, el retrato de mi abuela cosiendo. Mi madre; mi cabeza de perfil y de frente.» Nada de esto he visto, y seguramente, tal como augura Maria Rusiñol en su libro de memorias, la dueña de la casa lo haría encalar, para sacar esa suciedad, que seguramente para ella no tenía ningún sentido.

En mi recorrido por la casa salí al balcón del primer piso para ver y fotografiar aquellas cuatro figuras femeninas que coronan la barandilla, que se ven en el cuadro de Rusiñol y que representan con sus atributos los cuatro continentes: Europa, Asia, África y América. Por estas figuras la casa es conocida como la «Casa de los cuatros continentes», y está situada en el número 48 A de la calle Robert Graves. Aún no he podido encontrar quién encargó la construcción de esta casa tan peculiar. Todo parece que sus habitantes han sido siempre relacionados con el mundo de las letras, las artes o la música.

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A finales de los años veinte, fue habitada por otro catalán, el periodista y crítico de arte Ernest Maria Dethorey i Camps (Barcelona, ​​1901- Vallentuna [Suecia], 1992) con su esposa Gertie Borjesson. De esta época existe una fotografía de la casa y el jardín, que entonces tenía una glorieta de cipreses como las que solía pintar Rusiñol. Un cuñado de Dethorey era el escritor Pere Ferrer Gibert, con quien Rusiñol se relacionó. Precisamente Ferrer Gibert ilustró la portada de uno de sus libros titulado Visiones de Mallorca con una imagen del Jardí clàssic de Rusiñol.

Tal vez este texto nos conduzca a la localización de estas dos obras de Rusiñol que formaron parte de la espléndida colección Jardins d’Espanya.

 

Mercedes Palau-Ribes

Desembre 2017


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Santiago Rusiñol. Jardins d'Espanya

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