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Viernes, diciembre 29th, 2017

Rubén Darío y su admiración por Rusiñol y el álbum Jardins d’Espanya

MMBCN

Categoria:

Gloria al buen catalán que hace a la luz sumisa,

jardinero de ideas, jardinero de sol;

Al pincel, a la pluma, a la barba y la risa,

Con que nos hace alegre el mundo Rusiñol.

 

Esta simpática cuarteta fue una creación espontánea del poeta Rubén Darío dedicada a Rusiñol en el transcurso de una comida de homenaje que amigos e intelectuales ofrecieron al pintor para festejar el clamoroso éxito de L’homenatge, el sainete que acababa de estrenar en Barcelona.

Era el 12 de enero de 1914 y entre los numerosos asistentes a  aquel banquete no podía faltar el viejo amigo de Rusiñol, Pompeu Gener, que tuvo la ocurrencia de presentarse al Mundial Palace acompañado de Rubén Darío dando así una agradable sorpresa a Rusiñol, que ignoraba que su amigo poeta estaba en Barcelona.

102 vida

No era la primera vez que se encontraban estas dos grandes figuras del Modernismo. Se habían conocido en París en 1903, cuando el americano acababa de ser destinado a Francia como cónsul de su país, Nicaragua, mientras que Rusiñol se había refugiado en la capital francesa huyendo del escándalo y la polémica que había provocado en Barcelona el estreno de su obra teatral antimilitarista L’hèroe. A un capítulo de Tierras solares, publicado en marzo de 1904 en la revista Helios (Madrid) Rubén Darío nos revela por primera vez que ha conocido Rusiñol en París: “Le conocí en París, después de ser muy amigos desde lejos. Es la primera vez en que la persona no me causó decepción por el artista.

Rubén Darío fue siempre un fiel admirador de Rusiñol y de su obra, especialmente la pictórica. Cuando el poeta visitó Barcelona por primera vez en 1899 no se pudo producir el encuentro porque Rusiñol estaba en Sitges convaleciente de una intervención quirúrgica, pero Rubén Darío dejó constancia de que al volver a Barcelona se vería con Rusiñol y se dedicó a glosar la personalidad y la obra literaria del catalán en las páginas del libro España Contemporánea,  en primavera de 1901 en París y se apresuró a enviar a Rusiñol el ejemplar dedicado de puño y letra que actualmente conservan los herederos del pintor.

Rubén DarÃ_o 1901

Más adelante, en un capítulo de las crónicas escritas desde Francia recogidas bajo el título Parisiana, (1907) Rubén Darío nos evoca las pinturas que Rusiñol había expuesto en el Salón de París en 1904 y la impresión poética que estas produjeron al público: “En donde se quedan por largo rato los artistas, los conocedores de lo bello discreto, de lo bello amable, de lo bello ensoñador, los adoradores de la poesía pintada, es ante los cuadros de Santiago Rusiñol. Poesía de los ‘jardines de España’, poesía de los arrayanes y de los cipreses; poesía de los solitarios y viejos y melancólicos rincones llenos de nobleza desvanecida de antiguas edades; poesía de los almendros en flor en el campo verde cerca del mar azul, en las luminosas Baleares; patio de los naranjos, con las notas de oro en el obscuro ramaje; blancas barcas; melancolía del valle en la ternura de la tarde, y la maravilla solar anotada en pautas delicadas. Baste decir que en las telas de este poeta, hay el mismo “charme” profundo y aristocrático que en sus prosas polémicas.” Asimismo, Rusiñol tenía expuestos seis magníficos paisajes de Mallorca: Vallée de Soller à midi; Cour d’orangers; Cirque Fleurie; Amandiers en fleur; Bateaux blancs yVallée de Soller, le soir.

Rusiñol y Rubén Darío en Sitges

Rubén Darío se declaró admirador entusiasta del álbum de Rusiñol Jardins d’Espanya publicado en 1903, al que dedicó un capítulo de su obra en prosa La isla de oro, escrita durante su primera estancia en Mallorca entre el otoño de 1906 y la primavera de 1907. El poeta en aquella época vivía en una casa situada en el número 8 de la calle Dos de Mayo del barrio de El Terreno, en la periferia de Palma. Allí organizaba tertulias con escritores, intelectuales y artistas, a los que se añadía ocasionalmente Santiago Rusiñol cuando estaba en la isla, que aprovechó una de esas tertulias para hacer la presentación de su álbum.

Rubén Darío nos lo explica con detalle: “Estábamos en la terraza. Nos fascinaba, cerca, la alegre dulzura de unos almendros en flor, grandes bouquets de nieve-rosa, tenuemente rosa. El futurista [se refiere a Gabriel Alomar] había expresado gentiles teorías. Rusiñol había narrado pintorescas anécdotas. Rusiñol encendió su pipa; y así pudo verse, a través de un velo de sutil humo, su hermosa testa de artista; el mechón gris sobre el marfil de la frente, la mirada llena de la fatiga del ensueño, la sonrisa de buen muchacho.” Y Rubén Darío sigue describiendo el momento y el personaje: “Sobre el atril nos fue presentado el bello volumen hecho de manera que tan solamente Barcelona sabe realizar en la península. […] Mi afecto, mi amistad artística por Rusiñol son ya, lo diré así, antiguos, puesto que ha nevado –poco, en verdad-, tanto en su cabeza como en la mía, siendo él el “hermano mayor” [Rubén Darío era cinco años más joven que Rusiñol]. ¡Rusiñol es infantil y refinado, triste y alegre, gran señor y bohemio! […] Rusiñol lanzó una bocanada de humo. Y como se hablase de la decadencia de los jardines, se levantó y leyó  en el bello libro en su lengua vernácula.” Y Darío pasa a comentar uno por uno los jardines del álbum que más le placen: “Yo amo los jardines de España que han hecho peregrinar al artista, satisfaciéndole en cambio con el don de sus almas melancólicas, sílvicas o aristocráticas. Amo este Darrer jardí mallorquín en el cual entre flores y árboles espesos y oscuros no hay más que una soledad en espera de inminente presencia que vaya con paso de meditación hacia la solitaria puerta que se abre en la claridad del fondo. Me deleita la Fuente de la Odalisca, en la mágica Granada, donde en un escenario miliunanochesco se abren la rosas rojas junto a los macizos de arrayanes, y troncos. Y en la Isla Dorada otra vez, el Caminal d’Alfàbia, asimismo de cuento de Oriente, con sus columnas y sus cristales armoniosos, y las flores siempre. De nuevo es en la tierra granadina, la Glorieta de los Enamorados, cuyo nombre recuerda lo que una dama sabidora dejó escrito en el álbum del Generalife, que era bueno “para amar”. Aquí para amar es bueno este asilo de verdores, de una composición arcaica, y en donde un aislado chorro de agua apenas humedece el paso de las horas. He aquí también en Granada, una sucesión de arcos espléndida, o la “villa” triste ante los recortados cipreses. Y en Aranjuez, la senda de rosas hacia la enorme herradura del espeso arco.. Y otras páginas poemales, en que la luna influye con su hechizo; o en que ordenadas graderías ascienden hacia unos como oscuros santuarios de profanos cultos. [Rubén Darío se refiere a los cuadros de Granada, Aranjuez y Mallorca, que Rusiñol tituló Arquitectura verda, Palau abandonat, Caminal de roses, Granada al vespre y Jardí senyorial][…] Yo amo estos jardines de España y al jardinero de pluma y pincel que sabe dar alimento y halago a las fantasías fatigadas y acosadas por las tendencias poéticas de la vida moderna, de esta hora actual de trajines, especulaciones ápteras y derrotas del sentimiento.”

Captura 2017-12-28 19-32-56

Nuevamente Rubén Darío hace referencia a Rusiñol en su novela El oro de Mallorca, donde cita un pasaje del capítulo titulado “La George Sand” de L’Illa de la calma, la famosa obra de Rusiñol sobre Mallorca, publicada en enero de 1913, aunque no da el nombre del autor, se refiere a él como “un célebre autor catalán”. Asimismo Rusiñol aparecerá citado en otros capítulos de El oro de Mallorca, bajo el nombre de Jaime de Flor.

Rubén Darío volverá a referirse a Rusiñol y a sus Jardins d’Espanya en un artículo que publicará la revista Mundial en octubre de 1913, donde escribe: “Tengo a la vista una serie de planchas coloreadas de esos hechiceros jardines, que son, como dice el gran Santiago, ‘el paisaje puesto en verso, y los versos escritos en plantas… versos vivos, versos con savia y con aroma…’” Y volverá a referirse a los jardines representados del álbum: Caminal de rosers; Raixa; Pati de l’Alberca; Glorieta de la bailarina; Recó de boixos; Arquitectura verda; Jardí del pirata; Altar de flors; Jardí clàssic; El Laberint… que “en horas secas complázcome en abrir esta provisión de sueños, y al son de estas flautas y liras de la vista, por obra de Rusiñol se me abre un edén de ruiseñores, y mi instante aburrido florece y se encanta.”

FOTO 024 15.2.7 Caminal d'Alfàbia t-33

 

FOTO 063 21.1.2. El laberint d'Horta. II

FOTO 014 15.1.12. Jardí del pirata

FOTO 005 12

De todos los poetas que han escrito sobre Rusiñol y sus jardines de España ninguno lo ha hecho con la veneración y la reiteración de Rubén Darío. Este es el motivo por el que consideramos oportuno que figurase reproducida en uno de los paneles de la exposición la cuarteta con la que se inicia este texto.

 

Mercedes Palau-Ribes

Diciembre 2017


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